Una reflexión sobre la medición de resultados en formación corporativa.

 

Una de las tareas básicas de todo docente es la evaluación de sus alumnos. Por eso no es raro que una de las actividades del departamento de formación corporativa sea la medición de los resultados al terminar cada acción de formación. Necesitan evaluar los conocimientos de los alumnos que han terminado un curso digital o una jornada presencial, y la eficacia de la propia acción formativa. Así de sencillo, ¿no?

En una reciente reunión con un departamento de formación de una empresa farmacéutica les preguntábamos cuál era el objetivo de un test de evaluación. Parece una pregunta de Perogrullo, ¿verdad? Pero no lo es. Porque ese examen (había uno después de cada módulo, como es frecuente) era una actividad más de aprendizaje. Era un refuerzo de los contenidos teóricos ya vistos (para insistir en los datos numéricos, por ejemplo), un sistema para asegurarse de que se han fijado conceptos básicos antes de ahondar en el siguiente módulo y también una forma de autoevaluación, de que el alumno sea consciente de lo que aprende o ignora.

Con frecuencia ocurre que la “evaluación”, que es un concepto más amplio, se queda en una mera “calificación”, esto es, en reflejar con una cifra el aprovechamiento de la formación.

Pasión por las cifras

A los formadores de empresa, aunque no tienen que presentar un boletín de notas como en la escuela, les gusta obtener cifras para medir sus acciones, para poder analizarlas y presentar en gráficos más o menos atractivos. Si en un centro académico es imprescindible calificar -poner una nota-, tanto más lo es en un contexto, el empresarial, en el que hay que obtener resultados, ya sea aumentar las ventas, mejorar los procesos o cualquier otro.

La digitalización de las acciones de formación ha permitido que la métrica sea muy sencilla. Toda acción deja rastro. Todo parece medible en forma de clic. Los obsesos de la medición están en su salsa.

– ¿Deja tracking?, es una de las preguntas básicas antes de plantear cualquier acción en formato digital.

– ¿Cómo hacemos el seguimiento?, si se trata de una acción formativa menos convencional, pongamos una sesión ABJ*.

Los indicadores adecuados, ¿y suficientes?

En el mundo digital, basta con establecer los indicadores correspondientes para tener las respuestas deseadas. Parece sencillo, pero no lo es tanto. Porque hay que detenerse para decidir cuáles son los KPI más adecuados para medir según qué. Ya sabemos que cualquier plataforma LMS nos va a ofrecer, pulsando un botón, muchos datos: el número de alumnos que ha iniciado y completado los módulos, el tiempo dedicado, la nota obtenida en el examen… y que podemos filtrar la cifras por departamentos y áreas.

Eso puede ser suficiente si queremos saber si los empleados han realizado su tarea, que por otra parte suele ser obligatoria. Y con atinar al fijar la nota de corte y el número de intentos, algo que a veces hacemos con más rutina que reflexión, habremos reflejado matemáticamente el desempeño del alumno. Dependiendo del tipo de curso y de la plataforma, se buscará medir también las interacciones, la participación en foros, las contribuciones a la wiki…

¿Es suficiente? Si queremos averiguar si los empleados han cumplido, claro que sí. Será suficiente para “calificar”, como decíamos al inicio. Pero queremos asegurarnos de que conocen la materia, de que han aprendido. Debemos saber si la formación ha respondido al objetivo de aprendizaje que habíamos planteado (actualizar conocimientos, prepararse para un lanzamiento de producto, etc). Tendremos que analizar los datos y compararlos con los de otras acciones de formación anteriores. Incluso relacionarlos con otros que obtendremos más adelante, para determinar si el curso ha influido en la mejora de las ventas o en la eficiencia del proceso, siguiendo con los ejemplos iniciales. En definitiva, tendremos que “evaluar”.

Evaluar, como define el profesor Terry D. Tenbrick, es “el proceso de obtener información y usarla para formar juicios y tomar decisiones”. ¿Nos quedamos a medias cuando solo calificamos? Y tú, ¿evalúas o calificas?

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